Vázquez Díaz, Daniel
Vázquez Díaz, Daniel
- Año Pais Nacimiento
- España, 1882
- Año Pais Fallecimiento
- España, 1969
Colecciones Artísticas FUNDACIÓN MAPFRE
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Vázquez Díaz, Daniel
Atraído desde niño por la pintura de Zurbarán, Ribera y El Greco, Daniel Vázquez Díaz alterna sus estudios de comercio con clases nocturnas de dibujo en el Ateneo de Sevilla. Allí conoce a personajes de la talla de Juan Ramón Jiménez, Canals o Zuloaga. En 1903 llega a Madrid para ingresar en la Escuela de San Fernando. Es rechazado, pero esto no le desanima y le orienta a descubrir los maestros del Museo del Prado. Se introduce en las tertulias intelectuales, como la de los Baroja, y comienza sus primeras colaboraciones en revistas ilustradas.
Desde 1906 hasta 1918 reside en París, donde las influencias se suceden en su pintura: impresionistas, posimpresionistas, Cézanne, nabis. Se asocia desde finales de la década con el ultraísmo, traba amistad con Picasso, Vollard, Modigliani, Rubén Darío, Amado Nervo. Expone en el Salón de los Independientes y el Salón de Otoño, para pasar después a hacerlo en solitario. Comenzada la Primera Guerra Mundial, a finales de 1914, realiza un viaje a primera línea de fuego que dará como resultado una serie de dibujos y aguafuertes, donde denuncia los horrores de la contienda. Vuelve a España, avalado por el éxito obtenido en el país vecino, aunque la crítica oficial considere su obra un tanto estereotipada debido a su querencia por los temas taurinos. Además, aborda temas paisajísticos, retratos, incluso alguna composición cercana al simbolismo, pero con un colorido frío, rico en azules y ocres, muy luminoso.
En 1919 su pintura evoluciona hacia el llamado cubismo atemperado, fruto no tanto de la influencia parisina como del vibracionismo de Barradas, por su uso ácido del color en amplios planos facetados. En 1922 inicia un nuevo período con su viaje a Portugal, donde es visible la síntesis de formas cubistas y colores reposados. En 1925 firma el manifiesto de la Sociedad de Artistas Ibéricos . Entre 1927 y 1930 realiza el conjunto de frescos del monasterio de La Rábida, el Poema del Descubrimiento, asociado con posterioridad a la estética franquista, pero que en aquel momento significaba un resumen de las aspiraciones muralistas latinoamericanas y la estética del novecento italiano. Los años de la posguerra suponen la continuación del estilo practicado hasta entonces, convertido en referencia primordial para jóvenes generaciones. Su confirmación llega en los años cincuenta y sesenta. Desde su muerte y por razones principalmente políticas, fue relegado a un relativo olvido.